24.10.16

LOS OJOS DE UNA CIUDAD CHINA (2016)


¿Es posible que alguien robe la identidad y memoria del protagonista de una novela de ficción? ¿Y que un novelista escriba la historia real de un desconocido al que le sigue el rastro por distintas ciudades y tiempos? ¿Qué sucede cuando una investigadora literaria descubre que algunas de estas posibilidades están relacionadas con las novelas chinas de César Aira, con el asesinato de un ex soldado japonés en una playa de Filipinas y con otros eventos que tienen como nexo a Ziggy Stardust, la guerra de los clones y la leyenda del grupo protopunk Los Suicidas? Estos son algunos avatares de lo que ocurre en "Los ojos de una ciudad china", novela coral narrada por una anciana llamada Xiaomei y otros personajes que residen o están de paso por Shanghai.


Escribe Alberto Fuguet en la contratapa: "En esta era en que supuestamente todo debe tener 140 caracteres, Gabriel Peveroni apuesta por miles y miles de ellos y se la juega en Los ojos de una ciudad china por una novela-continente, coral, esquizofrénica e inabarcable, inmensa, liminal y fragmentaria, donde la idea es perderse y lo único seguro, lo único a lo que podemos aferrarnos, es a la cultura pop. Peveroni expulsa esta novela de su vida y, a pesar de lo foráneo y bizarro de las locaciones, termina eventualmente hablando de él, de Montevideo, de las décadas en que le ha tocado mirar y explorar y, claro, de paso, hace algo que nunca está de más: nos hace recordar cosas de nosotros mismos. Adiós Roma y todo lo que conocemos; todos los caminos ahora conducen a una ciudad china llamada Shanghai, en una McNovela rockera, de esencia intensamente eléctrica"

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REPERCUSIONES Y LECTURAS

* EXTRAÑOS EN EL DOMO: Crítica de Ramiro Sanchiz en La Diaria (disponible también en el blog Lecturas rasantes)

* EL RUIDO Y LA COPIA: Crítica de Mateo Vidal en Brecha (disponible en forma completa en el blog La doble vida) 

* CONVERSACIÓN SOBRE SHANGHAI: Entrevista de Jorge Costigliolo para Portal Montevideo

* NOWHERE MAN: Entrevista con José Arenas en el blog El Lector Impertinente.

* ZIGGY, UN ALIEN ANDRÓGINO: Entrevista con Pablo Silva Olazábal en "La máquina de pensar" de Radio Uruguay.

* EN SHANGHAI: Columna de Jujy Fabini en el programa de radio "En perspectiva". 

* AVENTURA ABSORBENTE: Reseña de Renzo Rossello en El País

* TOUR DE FORCE: Entrevista de Fernán Cisnero publicada en diario "El País" (disponible también en el portal Nodal Cultura)

* ENTREVISTA: Entrevista de Nelson Díaz en el programa "Planeta Radio" de Sarandí

* LOS SUICIDAS Y OTRAS HISTORIAS: Entrevista de Diego Zas en el programa "Suena Tremendo" de El Espectador

TRES NOVELAS: Ramiro Sanchiz escribe sobre "Los ojos de una ciudad china" y las novelas de Daniel Mella y Juan Manuel Candal

* UNA NOVELA POP: Reseña de José Arenas en el blog El Lector Impertinente

* NOVELAS PARA REFLEXIONAR: Columna de Natalia Mardero en El Espectador sobre "Los ojos de una ciudad china" y "Estrógenos", de Leticia Martin

SOBRE SHANGHAI: Fragmento de entrevista de Nelson Díaz a Peveroni en feria Ideas+

* BUEN DÍA URUGUAY: Entrevista con Christian Font en Montecarlo TV

* DÍA A DÍA: Entrevista con Miguel Nogueira en VTV





A LA MANERA DE UN PRÓLOGO sobre "Los ojos de una ciudad china"

Huellas en red (por Agustín Fernández Mallo)
El objetivo de lo que vagamente damos en llamar un creador [sea éste consciente o no, y en cualquier materia], es contemplar la realidad como si fuera un extraterrestre recién aterrizado en la Tierra; y además, contárnoslo. O lo que es lo mismo: lo que desde siempre habíamos visto, lo que en el día a día ya no nos afecta, darle la vuelta, girarlo y hacérnoslo contemplar como si fuera la primera vez que lo viéramos. Probablemente, ese ser venido de otros mundos haría una teoría extraña para nosotros pero al mismo tiempo fascinante, ajena a nuestra antropología pero terriblemente seductora para nuestras innatas ansias de ampliar el campo semántico de las cosas, del mundo. No fue otra cosa la que hizo Proust: hacernos ver una magdalena como antes nadie la había visto. No otra cosa hizo Newton: hacernos ver una manzana como antes nadie la había visto. En efecto, vieron la magdalena y la manzana como dos extraterrestres recién llegados a la Tierra; así fue la manera en que construyeron sus obras. No hace falta irse a objetos extraños ni extravagantes argumentos, la materia del creador está aquí, a pocos centímetros o, da lo mismo, a pocos golpes de ratón de computadora; lo que importa es la mirada tangencial, oblicua, inteligente y poética al mismo tiempo. 
Así ocurre en la obra que ahora tenemos en nuestra pantalla, Shanghai, del autor Gabriel Peveroni, la voluntad de fluido sin origen ni destino se mezcla en su texto con la de dejar marcas, señales en el camino trazado por nuestra contemporaneidad. Este camino, que ya no es sólo un camino geográfico sino además computacional y casi psicogeográfico, invita a pensar en una red en la que las huellas de los pies y las comunicaciones a distancia conviven de tal modo que, felizmente, se hacen indistinguibles. El autor [que simultáneamente es muchos autores], es consciente de tal aparente imposibilidad, y en esa imposibilidad arma el núcleo de este relato-río que da cuenta de la manera en que a fecha de hoy el mundo articula sus emociones. Acabo de decir “relato –río”, pero mejor diré relato-red porque el río alude a la antigua y heraclítea imagen del paso del tiempo, y aquí, en este Shanghai, casi no hay tiempo, casi todo es espacio, comunicación en el espacio. No en vano, Heráclito también dijo: “el mundo más bello es basura esparcida al azar”. Se refería a lo que hoy llamaríamos información aparentemente inútil, trazas, leves signos sin visible organización ni tiempo rector que, en Shanghai, el autor reconvierte en catalizadores, materia activa, ADN. En efecto, el texto es un mapa, antes que nada es un mapa, una cartografía física y emocional.
Tiene algo el narrador de un Marco Polo contemporáneo, explorador de tierras ignotas, espacios que aún nos son ajenos, y acaso también su Shanghai [y todas las demás ciudades que nos cita] tiene algo de aquellas Ciudades Invisibles que relatara Italo Calvino. Pero también recuerda a las Personas el loop de las que nos hablara Diedrich Diererichsen, sólo que aquí el loop no gira sin ir a parte alguna; por el contrario, toca suelo y en ese contacto con la tierra avanza, rueda, investiga, explora. Se transita por Shanghai como si de un continente se tratara. Con acertada pirotecnia para contar historias, para resumir en pocas frases complejos fragmentos de vida, lleva a cabo esta obra la exacta poda para que cada historia no sólo sea creíble, sino, como un Frankenstein contemporáneo, se lea viva; o lo que es lo mismo, para hacer de ella una red [como todos sabemos, la red viene a cumplir hoy, puntual y exactamente, todas las características de un Frankenstein]. Cuando las historias se cruzan y son narradas con pericia, ya no son simples cuentos morales sino también estructuras, conforman un cosmos cuya coherencia, afortunadamente, se nos escapa, pues lo vivido nunca es coherente por más que nos empeñemos en buscarle un objetivo, una mentira consoladora que nos tranquilice. Dejamos huellas, marcas, abandonamos trozos de nosotros mismos, soltamos memoria para ganar memoria: esa es la paradoja de cada una de nuestras vidas. De eso habla Shanghai, de huellas apenas vislumbradas en un bosque llamado Shanghai; aquí todos somos exploradores. Lo dice: “¿Por qué estampar un graffiti en una pared, un tag en el asiento de un tren o simplemente un pequeño sticker en el soporte de un semáforo? Tengo muchas razones, pero la más importante es que me fascina la posibilidad de dejar una marca, única, original, que esté bien lejos de la basura publicitaria y la arrogancia políticamente correcta de los urbanistas contemporáneos.” Tal originalidad es aquello que caracteriza al extraterrestre que nos visita. El libro está lleno de hallazgos como ése.

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